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Dan ganas de escribir el título una y otra vez como buscando una explicación de qué diablos significa eso. Es algo que a muchos conviene tenerlo tan lejos del entendimiento como sea posible. Hablo de la mujer deseante, aquella que la mayoría de los hombres procuran no toparse, hablo de la “pinche puta” y “la pendeja” y muchos otros tantos insultos que me ha tocado escuchar para referirse a las mujeres que desean. ¿Qué es lo difícil de enfrentar a la mujer deseante? La posibilidad de fracasar en satisfacerla. Es como la virginidad, ¿por qué es tan valorada para un hombre la mujer virgen? Porque es una mujer que no espera o más bien, no tiene punto de comparación en la cama, no dirá alguna de esas horribles sentencias como ¿ya acabaste? entre otras. Piénsenlo, piensen un poco en esa posición masculina de proteger, enseñar, ser el que lleva el mando, el que decide. Claro que suena tentador ser “así de grande” porque eso habla de la inocencia de la mujer, insisto: una mujer que no espera, no compara y no desea. ¿cuál es la diferencia entre una mujer virgen y una que se ha acostado con muchos hombres? que la segunda puede comparar, tener otra idea de la sexualidad, desear algo más, quedar insatisfecha por el desempeño de su compañero, etc. Y si “yo hombre” no puedo satisfacerte a “ti mujer” pues qué jodido estoy porque no podré alcanzar esa posición de “yo hombre”, por eso la mujer deseante es tratada de puta (llámese mujer que se ha acostado con varias personas) y “es mejor sacarle la vuelta” no tanto por el aumento en la posibilidad de tener una enfermedad, más bien por la angustia de no poder satisfacerla. Si ella no desea pues no puede quedar insatisfecha, así de simple; pero si ella desea entonces [] el hombre puede quedar como imposibilitado de satisfacer, ese es el riesgo de la mujer que dice “quiero”, por eso no es sorprendente encontrarse a los hombres más albureros, más sexosos y picosos asombrándose y enojándose cuando una mujer les muestra su deseo. Así mismo esa cosa tan típica de “bajar la luna y las estrellas” es mejor convencer con promesas que con actos, sean sexuales o no. Es más fácil acostarse con una mujer que lo hace por un engaño de amor que hacerlo con una mujer que tiene un deseo sexual, ahí ya no queda ella como objeto del deseo del hombre , queda más bien como participe del acto, una mujer que atiende y es atendida, una relación de dos en la que posiblemente alguno no logre estar a la altura. Eso, eso es angustia.


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