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(No title)

Anteriormente compartí esa rareza de que un “loco” me lavara el auto con agua sucia (todavía no lo lavo con agua limpia). Pero más allá de la curiosidad y de lo anecdotista me parece que el asunto tiene un lado serio.

La locura no siempre ha estado loca o el loco no siempre ha sido ese loco nuestro, el de la modernidad. La figura del loco ha cambiado con el paso del tiempo, de las épocas, sociedades, guerras y expectativas que se tienen del semejante. Antes de la institucionalización de la locura, es decir, antes de que el loco haya sido resguardado, sacado de circulación, encerrado o como se le desee llamar a la institucionalización de la enfermedad mental, los locos eran pieza importante de las urbes, cumplían una función de entretenimiento, como visionarios o como oráculos capaces de predecir el futuro o abordar un problema de una manera distinta.

El nuevo loco o el loco de la modernidad es alguien que queda desfasado del orden social y de la estricta lógica de interacción social, es decir: alguien que no pertenece y que no se comporta como se espera. Pero el loco no es necesariamente feliz como nos gusta fantasear, que el loco no tiene problemas y está siempre alegre alucinando la vida más linda que los demás jamás alcanzaremos. El loco sufre, padece la locura y no solo eso, también lo hacemos sufrir; el desfase al que está sujeto no es una cosa gratuita, nosotros participamos también en su locura y el padecimiento de la locura no es en sí el problema sino el errado intento de solución al que el loco logra acceder como única posibilidad de luchar para pertenecer. Ese hombre lavó el auto como una persona productiva para su comunidad, trabajó, se ganó la vida como la comunidad dicta. Lo que él hizo fue un intento fallido de pertenecer a una sociedad en la que cada persona tiene una función. Él fue un lavacoches errante y precisamente aquello por lo que lo consideramos loco (lavar el auto con agua sucia) es el intento para escapar de la locura.

Me hubiera encantado darme cuenta de lo que pasaba, pagarle, tal vez después conseguirle una cubeta, contribuir a su intento, que indiscutiblemente es mejor que no intentarlo. Pagarle sería incluirlo, reconocerle, decir que no falló que sí “es”.

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1 comment

  1. Jaime

    Felicidades Carlos!!, al dar contenido a tu Blog, das contenido a la cultura.

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